| EL DESARROLLO MOTOR EN LA TERCERA INFANCIA |
| Escrito por Dani Rebollo |
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Hablar de de desarrollo motor es hablar de crecimiento físico. Por norma general un niño al inicio de la tercera infancia (seis años) tiene una cabeza grande en relación al resto de su cuerpo. Durante los seis años que dura esta etapa el cuerpo del individuo crece haciendo que esta desproporción desaparezca prácticamente al inicio de la pubertad. A los 12 años las proporciones corporales de los individuos se asemejan mucho a las de un adulto y será durante la adolescencia cuando su masa corporal aumentará. Sin embargo, cuando pensamos en desarrollo motor es inevitable imaginar a un niño corriendo, saltando o realizando actividades que impliquen movimiento. Es en este periodo cuando se articulan los esquemas motrices y aumentan las capacidades coordinativas. Es importante, por tanto, trabajar la psicomotricidad, tanto fina como gruesa, así como el control del tiempo y del espacio por parte del propio niño. No obstante, uno de los motivos esenciales por los que se produce este avance es el componente simbólico. A medida que el niño entra en esta etapa su capacidad de imaginarse realizando un movimiento aumenta. Gracias a que puede ejecutar mentalmente el movimiento e incluso, corregirlos y anularlos, también de forma mental. Gracias a eso y a una mayor toma de consciencia de las partes de su cuerpo, de su configuración, su posición en el espacio, su desplazamiento y su movimiento, el niño puede mejorar sus acciones. Es por eso, que podemos asegurar que el aspecto cognitivo tiene una importancia mayúscula en el desarrollo de las capacidades motrices. Respecto de la psicomotricidad fina, cabe mencionar que es a los cinco años cuando los niños empiezan a ser capaces de cortar en línea recta usando unas tijeras, copiar letras y números o abrocharse los botones (Shaffer, 2000). Durante la educación primaria su destreza aumentará ganando control de sus movimientos. Así pues, los individuos pasan de tener problemas para colorear un dibujo sin pasarse de la línea, a ser capaces de usar, alrededor de los nueve años, destornilladores u otros elementos de precisión. Cuando ponemos la lupa sobre los movimientos que catalogamos como psicomotricidad gruesa, se establece la siguiente clasificación: andar, correr, saltar, atrapar en el aire, lanzar, golpear y patear. Estos movimientos presentan una serie de características generales que son comunes a todos los individuos y que el niño va adquiriendo de forma progresiva.
En primero de primaria los estudiantes se encuentras, aproximadamente, en la segunda fase del desarrollo y durante los primeros años (ciclo inicial y medio) la educación física les ayudará a crear los esquemas motrices que han de permitirles ser competentes al realizar estas acciones. Si tomamos como referencia la capacidad de lanzar un objeto lo más lejos posible, nos encontramos con que existe una dependencia directa con dos factores. Por un lado la fuerza de los músculos –sobre todo el trapecio- y por otro la técnica de lanzamiento. Así, en un lanzamiento bien efectuado existe una ligera rotación del tronco, un movimiento de las piernas y se usa el brazo contrario para hallar el máximo equilibrio. Por tanto podemos concluir que la efectividad del movimiento es un proceso de coordinación intermuscular por encima de la intramuscular. Puede observarse también que en todas las demás acciones la dificultad que el niño encuentra está en usar las partes del cuerpo que trabajan de forma indirecta. Durante su crecimiento aprenderán a usar su cuerpo para optimizar estas siete acciones básicas. Sin que el trabajo sea independiente –ya que todos están íntimamente relacionados- los dos primeros trabajan respecto de los músculos y el sistema nervioso central mientras que los dos siguientes se centran en aspectos cognitivos. Así pues, los juegos y actividades que los niños realizaran en sus clases de educación física irán encaminadas a moverse, realizar el máximo de acciones posibles, seguir ritmos, distribuirse por el área de juego, etc. Con la entrada en el ciclo superior (5º y 6º curso/ 10-12 años) el objetivo primordial de la materia cambia. A esta edad se empiezan a trabajar las capacidades físicas básicas: fuerza, velocidad, resistencia y elasticidad (citar video 1). En este momento existen niños/as que ya han entrado en la pubertad y otros que aún no. Por esa razón pueden haber grandes diferencias en el rendimiento más allá de las relativas al sexo (las chicas son, por norma general, más flexibles y los chicos más fuertes). Así pues, los chicos y chicas ya pueden y deben realizar ejercicios que aumenten su fuerza (juegos de transporte, ejercicios de autocargas), su velocidad (carreras, relevos), su resistencia (footing), elasticidad (estiramientos) o juegos que integren todas estas capacidades además de las trabajadas anteriormente (balón prisionero, pilla-pilla). Sin embargo, no puede olvidarse que la educación física tiene un gran componente afectivo-social. Mediante el cuerpo nos relacionamos con nuestros semejantes y la actividad física ayuda en la construcción de una imagen positiva de nuestro propio cuerpo (Gómez y Mauri,). Por otro lado el desarrollo motor y el trabajo que se realiza en el área de educación física supone tomar consciencia de la importancia de la actividad física como hábito saludable (Currículum educación primària). El deporte como actividad extraescolar La cantidad de gente que vive en grandes ciudades se ha multiplicado en los últimos años. Actualmente casi el 50% de la población mundial vive en ciudades, cifra que aumentará hasta el 60% en los próximos 20 años (tendencias.net). La configuración de estas urbes con calles transitadas por coches, poco verde y construcción en vertical tienen una incidencia negativa en la posibilidad de los niños para hacer deporte. Las nuevas formas de ocio como los videojuegos y la incorporación de ambos progenitores al mercado laboral, también contribuyen negativamente a este hecho. Así pues, un infante hace años podía pasar varias horas al día jugando a pelota en la calle cuando ahora es impensable. Para suplir esa falta de actividad deportiva –y para cumplir ciertos ritos sociales- algunos padres apuntan a los niños a deporte como actividad extraescolar. Actividades deportivas extraescolares existen muchas y muy diversas. Artes marciales, tenis, natación, balonmano… aunque el fútbol el baloncesto son las más que más niños concentran. Aunque el deporte –se considera deporte una actividad física reglada- no es aconsejable antes de los 10 años en muchos clubs deportivos se empieza a trabajar con chicos de siete años. Podemos observar en la práctica, por ejemplo, del fútbol muchos de los aspectos mencionados anteriormente. En este deporte se dan principalmente los siguientes patrones motrices básicos: correr, patear y en menor medida lanzar y atrapar. Puede verse en los niños de edad prebenjamín –siete u ocho años- cierta dificultad a la hora de impactar el balón para realizar un pase o un tiro a puerta. El golpeo de estos no suele ser limpio –debido a los factores ya mencionados anteriormente-. Por otro lado, estos niños tienen una gran dificultad para ocupar el espacio del campo de forma racional. El egocentrismo propio de esta edad se suma a una percepción del espacio pobre. Ese hecho se observa fácilmente con la incapacidad de medir la fuerza con la que patean o lanzan el balón en función de la distancia –si bien son capaces de controlar relativamente la fuerza que emplean, no son capaces de asociarla correctamente a la distancia-. Todas estas dificultades tanto motrices como de percepción desaparecen parcialmente en la etapa de benjamín –ocho y nueve años- y casi en su totalidad en la de alevín –diez y once-. Así pues en aras de mejorar los resultados competitivos, se realizan entrenamientos que contribuyen favorablemente a la consecución de un dominio corporal y de una mejor percepción del espacio-tiempo. Aunque el deporte como actividad extraescolar este centrado en una sola disciplina no puede obviarse que un niño que haga fútbol o baloncesto fuera del horario académico está pasando el doble o triple de horas a la semana realizando actividad física, factor fundamental en el desarrollo del ser humano. Por último, cabe mencionar que estas actividades contribuyen a una mejora de las relaciones sociales de los niños y niñas que las practican así como de su autonomía personal.
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